Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas

Bienvenidos al mercado

Dentro de poco Banksy y una retrospectiva en el Guggenheim, y ya se van nuestras esperanzas al carajo. No falta nada para que las calles entren al museo.
Y de hecho ya ha pasado (Los graffitis en las galerías del Soho, años 80’s)
Pero...
No hay peros. El mercado decide. Ese mismo que ya decidió que las cebras en formol del ladri de Hirst eran piezas exquisitas y, claro, una inversión a largo plazo de lo más interesante.

Damien Hirst era un pibe punk, de los suburbios de Londres. Amigo de Joe Strummer. Miembro de los Young British Artists, que de youngs y artists cada vez tienen menos. Fan de los Sex Pistols. Su mami le quemaba los discos. Todo un personaje.
Parece, sin embargo, que el do it yourself le quedó chico en cuanto se enteró que haciendo cosas horribles podía ganar plata. Y mucha.

Pequeño manual ilustrado para el artista de hoy:
Usted, aspirante a artista, o artista, se preguntará "¿Cuál es la fórmula?". A continuación, y en sencillos pasos le revelaremos el secreto.


*






Taxidermia (animales + pecera + formol) + sobrevaloración por parte de la prensa = dinero... digo, talento.

Dejemos de lado su intención artística, que en definitiva ni a él le interesa, y hablemos de su... ¿cómo le dicen los medios? Ah!, sí, revolución. Ja. Revolución en el mundo del arte. Interesantísimo, como si fuese algo radical que un snob haga arte por plata: sí, sí, algo fresco y nuevo.
Básicamente: el tipo agarró sus obras (como ya dijimos, animales en formol) y las llevó a Sotheby’s, una importante tienda de subastas londinense, para venderlas sin intermediarios tipo marchantes o galeristas, los cuales en muchas ocasiones cobran comisiones de un 50%. Hasta ahí bien. Siempre he creído que se puede prescindir de ese sector del arte, y que de hecho son trabajos bastante parasitarios. Al terminar la subasta y conocer los resultados (ni siquiera les voy a contar la cifra obsena) Hirst dijo: “amo el arte”

Ama tanto el arte que ya ni siquiera hace sus obras, sino que terceriza el trabajo: tiene un taller, tal vez fábrica a estas alturas, donde un ejército de obreros hace el trabajo manual, parte quizás más noble del proceso artístico, aunque los filósofos griegos opinaran lo contrario. Discúlpenme, eso para mi es algo más cercano al diseño, que al arte.
Un asco, un asco total: el ex punk se ha convertido en tapa segura de Forbes. Aplaudamos, es un tipo exitoso. Otra vez la calle pierde. O mejor dicho, se vende.











Esto ni siquiera intenta ser una crítica de arte, ya que de su obra me limitaré a decir que me parece una mierda, al menos su serie taxidermista, el resto merece un capítulo aparte.
Sólo digo: cuando se ponen precios, se pierde el valor. He aquí el terrible ser o no ser del arte.

Ellos (y desde allá, no desde acá) deciden. Nosotros, ni en posición de hacedores o espectadores vamos a cambiar las modas o las reglas del mercado mundial.
Por eso te digo, a vos guachín, que te gusta el arte, hacerlo o mirarlo, tal vez escupirlo; ni media galería, ni medio marchante: a las calles, a internet. Son los únicos espacios donde todavía es posible no desvalorizar una obra.
Les cabe, por forros, por parásitos, por generar ganancias en nombre de una de las pocas cosas que no debería tener precio.


*El rectángulo emula una pecera, para los que todavía no descifran el jeroglífico.